El odio: una emoción que quema por dentro
Tradicionalmente, el odio ha sido considerado una emoción negativa que debe evitarse o reprimirse. Sin embargo, aunque el odio puede derivar en conductas violentas cuando no se regula adecuadamente, también cumple una función adaptativa. Comprender el odio, su origen y sus efectos resulta fundamental para aprender a canalizarlo de forma saludable y prevenir sus consecuencias dañinas.
Respuestas rápidas a preguntas frecuentes:
- Odio, ¿qué es?: una emoción intensa y prolongada que incluye rechazo, hostilidad y deseo de distancia o daño hacia alguien o algo.
- No es lo mismo que ira: la ira suele ser más puntual; el odio tiende a sostenerse en el tiempo y se acompaña de devaluación y distancia emocional.
- Tipos de odio: hacia uno mismo, odio personal y odio social (aprendido y cultural).
- Gestionar el odio: entender qué protege, trabajar la rumiación, regular la activación emocional y poner límites reales.
ODIO, qué es y en qué se diferencia de la ira o el rencor
Según la RAE, el odio (del latín odium) se define como «antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea». Por su parte, la psicología describe el ODIO como una «emoción intensa y prolongada que aparece acompañada de sentimientos de rechazo y deseos de distancia o daño hacia una persona, grupo o situación».
En este sentido, el odio no es sólo una reacción emocional, sino un estado emocional complejo que integra los siguientes componentes:
- Cognitivo: evaluación o juicio negativo hacia el otro.
- Emocional: sentimientos de hostilidad, rabia o aversión.
- Comportamental: actitudes y comportamientos dirigidos a dañar, humillar, destruir o controlar al otro.
El odio modifica el interior de quien odia, mermando su capacidad empática hacia la persona odiada y activando áreas cerebrales relacionadas con el procesamiento racional —al contrario que en el amor—, cambios que tienen una repercusión importante en el comportamiento:
“estos cambios neuropsicológicos aumentan la eficacia para planificar conductas de agresión, anticiparse al adversario y protegerse o encubrirse a sí mismo”.
Para entender mejor qué es el odio realmente, también es importante diferenciarlo de otras emociones relacionadas como la ira o el rencor. La ira es una emoción más transitoria y tiene como finalidad defenderse o la coerción, mientras que el odio tiene como objetivo dañar. El rencor implica mantener un resentimiento hacia una ofensa pasada, pero no necesariamente un deseo o planificación de destruir a la otra persona.
Función del odio
Aunque comúnmente se percibe el odio como una emoción negativa que puede envenenar el estado anímico y afectar al bienestar, el odio tiene una serie de funciones adaptativas y puede ser positiva si sabe canalizarse de la manera adecuada. Su utilidad no reside en generar daño al otro —esto es una forma de intentar aliviar el malestar—, sino en protegerse a sí mismo y su autoestima, guiando la conducta de manera que se pueda recuperar la seguridad y generar una satisfacción simbólica frente a la experiencia adversa acontecida.
“El odio cumple una función de protección y aprendizaje”.
En términos adaptativos, el odio sirve para recordar las acciones dañinas del otro, evitando repetir errores y facilitando establecer límites frente a quienes se percibe como una amenaza. El odio ayuda a procesar emociones difíciles, reorganizando la percepción de vulnerabilidad y reforzando la identidad personal.
El odio también nace de necesidad de volver al equilibrio, ya sea restableciendo o recuperando lo perdido. Por ejemplo, en una disputa el problema no es lo acontecido, sino el significado de la afrenta o de la incapacidad para responder a la misma. La rumiación y ensoñación posteriores sobre lo sucedido busca promover una satisfacción simbólica, es decir, salvaguardar el propio ego al sentirse frágil y vulnerable.
Este alivio o analgésico emocional no sólo se da mediante esa satisfacción simbólica: los investigadores del Instituto Nacional de Ciencias Radiológicas de Japón encontraron que, cuando una persona que genera animadversión fracasa en sus propósitos, el schadenfreude (alegría maliciosa) provocaba la liberación de dopamina en áreas cerebrales del estriado ventral, activándose así el mecanismo de recompensa cerebral proporcional a la intensidad de la envidia percibida.
“Al ver dañada a la persona odiada o reafirmar la creencia hostil y sentir que se tiene la razón, se genera dopamina, proporcionando una sensación de satisfacción emocional que puede resultar adictiva”.
Tipos de odio y sus manifestaciones
Según el “objeto” hacia el que se dirige, se puede diferenciar entre:
- El odio hacia sí mismo: las personas con altos niveles de autoexigencia y crítica interna tienden a sentir culpa y que no son suficientes, por lo que pueden terminar agrediéndose a sí mismos. Algunas de las formas más habituales de esta autoagresión son autoinsultarse, no perdonarse los propios errores, tener comportamientos potencialmente lesivos (p. ej., conducir a gran velocidad, tener sexo sin protección), las adicciones (p. ej., abuso de sustancias tóxicas), los trastornos de alimentación o descuidar la propia salud (p. ej., dormir poco, no acudir a revisiones médicas, no tener tiempo libre o de descanso).
- El odio personal: cuando una persona siente que otra vulnera sus derechos, violando su integridad física, psicológica y/o espiritual es habitual desarrollar un sentimiento de animadversión que, con el tiempo y la falta de reparación, se puede transformar en odio. La inseguridad propia, los desplantes continuados o la traición también pueden llevar desarrollar sentimientos de odio hacia el otro.
- El odio social: es el odio más irracional y peligroso, pues no se basa en la experiencia, sino en construcciones sociales y culturales generalizadas. Este odio es aprendido y, en muchos casos, socialmente aceptado. Este odio cultural heredado se dirige a personas que comparten alguna característica en común, como el origen étnico o raza (xenofobia o racismo), la religión (cristianofobia, antisemitismo, etc.), la ideología política (odio ideológico), la clase social (clasismo), el sexo (misoginia hacia las mujeres, o misandria hacia los hombres), la orientación sexual (homofobia o LGTBIfobia) o la edad (edadismo).
La pirámide del odio (Anti-Defamation League)
Otra forma de clasificar el odio es la propuesta por la organización Anti-Defamation League. La pirámide del odio organiza los distintos niveles de discurso y delitos de odio de forma jerárquica.
“El odio es el enemigo de la empatía”.
Relaciones basadas en el odio: teoría triangular
Al igual que en la teoría triangular del amor, el psicólogo estadounidense Robert J. Sternberg desarrolló un modelo teórico para el odio. Los tres componentes de su teoría triangular del odio son:
- La intimidad: implica la búsqueda activa de distanciamiento emocional, es decir, la desvinculación de lo odiado.
- La pasión: se compone del miedo o de la ira. El miedo conduce a la evitación, mientras que la ira lleva a atacar o intentar destruir a lo odiado.
- El compromiso: se caracteriza por las devaluaciones y el desprecio hacia lo odiado.
La combinación de estos tres componentes lleva a diferenciar los distintos tipos de odio:
- Pasión = Ira / Miedo: la reacción hacia el objeto de odio puede ser de ataque o huida.
- Intimidad = Asco: sentimientos de repugnancia hacia el objeto de odio.
- Compromiso = Devaluación/Disminución: pensamientos de indignidad hacia la persona o grupo odiado.
- Intimidad + Pasión = Repugnancia: repugnancia unida a ira o miedo hacia el objeto de odio.
- Pasión + Compromiso = Injuria: ver a la otra persona como una amenaza constante en el tiempo.
- Intimidad + Compromiso = Asco: sentimientos de aversión, repulsión e indignidad hacia la persona o grupo odiado.
- Pasión + Intimidad + Compromiso = Aniquilamiento: deseo de destruir al otro.
De dónde surge el odio: por qué se odia
El odio es una emoción compleja que no surge de manera espontánea, sino como resultado de diversas experiencias personales y sociales. A continuación, se describen las situaciones principales que pueden dar lugar a esta emoción:
- Desconocimiento y prejuicios culturales o sociales: la psicología social ha observado que el desconocimiento incrementa el miedo y la desconfianza, emociones que pueden transformarse en odio. Por otra parte, los prejuicios sociales, además de simplificar la realidad, fomentan estereotipos negativos que facilitan la deshumanización de los demás.
- Miedo a lo diferente: desde la psicología social se ha demostrado que el miedo a perder seguridad, estatus o control puede transformarse en hostilidad. De esta manera, el odio puede surgir como una respuesta ante lo desconocido o aquello que desafía las propias creencias, valores o identidades.
- Necesidad de pertenencia: el odio también puede funcionar como un mecanismo de cohesión grupal, ya que la oposición o el rechazo hacia el otro refuerza la identidad del grupo y proporciona un sentimiento de pertenencia.
- Proyecciones: la proyección es un mecanismo psicológico mediante el cual una persona atribuye a otra pensamientos, emociones o deseos propios que le resultan inaceptables. En este sentido, el odio puede aparecer cuando se proyectan inseguridades, frustraciones o impulsos agresivos a los demás.
- Envidia: la envidia surge cuando una persona percibe en el otro cualidades, logros o recursos que desea, pero que considera inalcanzables. Si esta emoción no se elabora adecuadamente puede transformarse en resentimiento e, incluso, odio.
- Sentimientos de inferioridad o baja autoestima, unidos a una elevada agresividad: percibirse como una persona inferior unido a mostrar dificultades para regular la agresividad hace que se desarrolle el odio como forma de compensar el malestar interno y reafirmar la sensación de poder y control. Respecto a los sentimientos de inferioridad, cabe señalar que las personas con rasgos narcisistas tienden a expresar más odio cuando se sienten amenazadas, ya que el odio funciona como protección de una autoestima frágil frente a la crítica, el rechazo o la frustración.
- Frustración acumulada: según la teoría de la frustración-agresión, el malestar emocional genera una activación interna que busca una salida. En este contexto, el odio se dirige hacia la persona o grupo percibido como responsable del bloqueo, lo que alivia temporalmente la tensión emocional.
- Indefensión aprendida y locus de control externo: cuando una persona experimenta repetidamente situaciones estresantes o aversivas y las percibe como incontrolables, puede desarrollar indefensión aprendida, es decir, la creencia de que sus acciones no tienen impacto en la realidad. Esto puede despertar sentimientos de odio hacia los demás, a quienes responsabiliza de su situación y malestar.
- Daño emocional: las experiencias de traición, humillación, abuso o agresión pueden generar un profundo daño emocional y, si el dolor no se procesa adecuadamente, puede surgir el odio como una respuesta defensiva (protegerse de nuevas heridas).
- Falta de habilidades de regulación emocional: cuando no se sabe identificar, expresar y regular emociones como la ira, la frustración o el miedo, éstas pueden intensificarse y transformarse en odio. Cabe destacar que el apego inseguro puede favorecer este tipo de respuestas emocionalmente intensas.
“El sufrimiento interno puede canalizarse en forma de hostilidad. Los actos de odio son una forma de escapar de sentimientos como la injusticia, la indefensión o la insuficiencia”.
Las huellas del odio: señales de que alguien te odia (o de que odias a alguien)
Las personas que odian tienden a adoptar un comportamiento pasivo-agresivo. Estas señales pueden ayudar a identificar si alguien te odia en secreto:
- Sensación de tensión y rigidez palpables.
- Muestra una formalidad forzada, frustrándose fácilmente contigo.
- Da respuestas cortas y secas.
- No recuerda lo que cuentas.
- Te interrumpe y cambia de tema cuando compartes algo.
- Resta valor o cuestiona tus logros o sueños.
- Toma una actitud de competencia constante.
- Hace críticas directas o indirectas.
- Hace comentarios sarcásticos.
- Da demasiados consejos no solicitados.
- Evita coincidir contigo, llegando a cancelar planes. Se ausenta e, incluso, molesta si le necesitas.
- Sabotea lo que haces (p. ej., no avisa de un mensaje importante, provoca un retraso conscientemente, daña tus pertenencias).
- Habla mal de ti cuando no estás presente.
“El odio no justifica las malas formas ni la violencia”.
El odio también se puede ver reflejado en la comunicación no verbal, viéndose alterada e impostada. Concretamente, los gestos y el periodo de carga y descarga se verán alterados, resultando poco genuinos (p. ej., no sonreír con la comisura de los labios o quitar rápidamente la sonrisa). Además, la distancia física también será mayor de lo habitual, pudiendo mostrar incomodidad ante el contacto físico y evitando el contacto visual, adoptando una postura defensiva.
¿Se puede sentir atracción hacia alguien a quien se odia?
Aunque la atracción y el odio puedan parecer emociones contradictorias, no son incompatibles. Sin embargo, esta disonancia cognitiva genera un gran impacto a nivel psicológico pues ¿cómo se puede sentir atracción hacia alguien que también despierta rechazo?
Normalmente, esto se debe a lo que en psicología se conoce como transferencia, una forma de proyección psicológica. La transferencia es una defensa psicológica descrita en el psicoanálisis y explica cómo se proyectan (transfieren) sentimientos, deseos y patrones relacionales pasados de una persona a otra. Esta incomodidad subyacente —normalmente no reconocida— puede llevar a proyectarla en otra persona, culpándola del propio malestar.
Entonces, ¿cómo se puede saber si lo que realmente se siente es odio o atracción?, ¿en qué emoción se debería confiar? Para diferenciar si se trata de un odio real o si hay un motivo oculto no identificado, es recomendable explorar las posibles razones por las que se puede odiar a alguien por quien se siente atracción:
- El temor al rechazo: el odio funcionaría como una forma de evitar el daño anticipado.
- Inseguridad o baja autoestima: las personas que sienten inseguridad social y/o baja autoestima tienden a sentirse abrumadas y pueden llegar a sentir enfado o rechazo hacia la persona que despierta sus sentimientos de vulnerabilidad.
- Evitar volver a sufrir: mantener la distancia, actuar con frialdad o sentir rechazo puede ser una forma inconsciente de protegerse y evitar volver a ser herido.
- Desconfianza en las propias emociones: confiar en una persona desconocida es un verdadero desafío para quienes han sufrido un trauma relacional.
- Creencias negativas hacia las personas atractivas: a veces, las personas sienten prejuicios hacia las personas atractivas, juzgándolas como arrogantes. Estas reacciones pueden surgir de simples prejuicios o de emociones más profundas como la inseguridad, la cual puede alimentar los celos y la competitividad.
El precio del odio: a quién daña de verdad
“Cuando el odio se traduce en acciones no sólo hace daño a la persona odiada, sino también a quien lo siente. El odio domina: es una prisión de toxicidad interior que impide avanzar”.
Por ello, el odio no está exento de consecuencias para quien odia:
Síntomas psicológicos
- Sentimiento de injusticia.
- Sensación de falta de paz, intranquilidad.
- Pensamientos intrusivos respecto al sujeto de odio.
- Falta de concentración.
- Estrés y ansiedad.
- Insatisfacción y frustración.
- Agresividad y violencia.
- Soledad y tristeza.
Síntomas físicos
- Cambios de peso.
- Problemas de sueño.
- Cansancio.
- Alteración del sistema inmunitario (aumento de adrenalina, cortisol y prolactina).
- Daños del sistema digestivo (p. ej., úlceras).
- Presión sanguínea elevada y problemas cardiacos.
Gestionar odio en el día a día: cuando la emoción se enreda
A veces el problema no es “sentir” odio (las emociones aparecen), sino gestionar el odio cuando se vuelve persistente, rígido o empieza a empujar hacia conductas que luego dejan culpa, vergüenza o más aislamiento. Este artículo ya muestra una idea esencial: el odio puede funcionar como un analgésico emocional y como una defensa. Por eso, el primer paso para gestionarlo no suele ser “quitarlo”, sino entender qué protege y qué necesita reparar en ti.
Algunas preguntas terapéuticas (no moralizantes) que ayudan a desenredar el odio sin alimentarlo:
- ¿Qué herida está debajo: humillación, traición, indefensión, miedo?
- ¿Qué pensamiento lo mantiene vivo: “si lo suelto, gano menos”, “si perdono, justifico”? (Perdonar no es justificar.)
- ¿Qué límite necesitas hoy para dejar de reabrir la herida?
Cómo superar y transformar el odio
Ser feliz no es la ausencia de dolor ni simplemente sentir placer: la auténtica felicidad supone validar todas las emociones y aprender a canalizarlas, incluyendo el odio. Desde la psicología, se sabe que muchas veces el odio no se sostiene por la intensidad del daño sufrido, sino por los pensamientos que lo interpretan y reafirman, así como por la forma en que se analiza y juzga a los demás. Cuando evaluamos a otros de manera rígida o dura, se tiende a magnificar su daño y a reforzar la hostilidad interna.
La terapia psicológica ofrece un espacio seguro para explorar estas emociones y permitir su descarga emocional, aprender a comunicar sentimientos de manera adecuada y desarrollar una mirada más equilibrada sobre los demás. La terapia también ayuda a generar propuestas para reparar conflictos (internos y externos), identificar patrones de pensamiento que mantienen la hostilidad y trabajar en la aceptación y el perdón (entendiendo que perdonar no implica justificar el daño, sino liberarse del peso emocional que limita el bienestar). Otro enfoque útil es humanizar a la otra persona e identificar cuándo la emoción de odio puede magnificar la percepción de amenaza o daño ejercido por el otro.
Cuando el odio pide ayuda (sin ruido y sin prisa)
Si sientes que el odio te está robando energía, foco o paz, no tienes por qué gestionarlo en soledad. En El Prado Psicólogos trabajamos desde una mirada cálida y rigurosa: atención personalizada, experiencia clínica del equipo y herramientas terapéuticas integradas para ayudarte a comprender lo que te pasa y recuperar equilibrio emocional, sin juzgarte por sentir.
Si te apetece dar el primer paso, puedes pedir tu primera entrevista gratuita (orientativa, para valorar tu caso y recomendarte el mejor enfoque).
Recursos para seguir profundizando sobre el odio
Si quieres seguir profundizando en este tema te proponemos una serie de recursos para hacerlo con calma y a tu ritmo. A veces entender mejor lo que nos pasa no “lo arregla” de golpe, pero sí reduce confusión, vergüenza y culpa. Y eso ya es un primer alivio.
Libros recomendados para comprender el odio, la ira y el resentimiento
- Los siete pecados capitales: una psicología de las pasiones humanas, de Solomon Schimmel. Un libro muy claro para comprender emociones intensas (entre ellas la ira y el odio) desde una mirada psicológica y ética, sin moralismos fáciles.
- La anatomía de la violencia, de Adrian Raine. Útil para comprender la agresión y cómo se combinan biología, entorno y aprendizaje. No habla del odio “cotidiano” de forma directa, pero aporta contexto cuando el odio se mezcla con impulsos agresivos.
- El error de Descartes, de Antonio Damasio. Una lectura accesible para entender cómo emoción y razón están entrelazadas. Ayuda a comprender por qué el odio puede sentirse tan “lógico” por dentro y, aun así, dañarnos tanto.
- No te creas todo lo que piensas, de Joseph Nguyen (enfoque divulgativo). No es un texto clínico, pero puede servir como puerta de entrada para entender rumiación y pensamientos repetitivos, que suelen mantener el odio encendido.
Otros recursos que pueden ayudarte
- Psicoeducación guiada en terapia: cuando el odio se vuelve persistente o te ocupa demasiado, entenderlo acompañado suele ser más eficaz que pelearte con él a solas.
- Escritura terapéutica (bien enfocada): poner en palabras lo que te pasó, lo que perdiste y lo que te faltó puede ayudar a bajar la rumiación. En terapia se puede trabajar para que no se convierta en un bucle de daño.
- Entrenamiento en regulación emocional: técnicas basadas en evidencia (p. ej., reestructuración cognitiva, habilidades de tolerancia al malestar, autocompasión, comunicación asertiva) ayudan a gestionar odio cuando se activa como defensa.
Referencias científicas para entender el odio y la agresión (selección)
- Sternberg, R. J. (2003). A duplex theory of hate: Development and application to terrorism, massacres, and genocide. Review of General Psychology.
- Zeki, S., & Romaya, J. P. (2008). (Ver resumen en PubMed) Neural correlates of hate.
- Berkowitz, L. (1989). Frustration–aggression hypothesis: Examination and reformulation. Psychological Bulletin.
- Cikara, M., & Fiske, S. T. (2012). Stereotypes and schadenfreude: Behavioral and physiological responses to group members’ misfortunes. Social Psychological and Personality Science.
Estos recursos pueden ayudar, pero no sustituyen a una psicoterapia individual si el odio se ha vuelto constante, te desborda o está afectando a tus relaciones, tu salud o tu paz mental.
Preguntas frecuentes sobre el odio
¿El odio es siempre malo?
No necesariamente. Puede tener una función adaptativa de protección y aprendizaje. El problema aparece cuando se rigidiza, se vuelve crónico o se traduce en conductas dañinas.
Odio, qué es exactamente según psicología
Es una emoción intensa y prolongada con rechazo, hostilidad y deseo de distancia o daño hacia alguien (o algo), con componentes cognitivos, emocionales y comportamentales.
¿Cuáles son los principales tipos de odio?
De forma clínica y útil: odio hacia uno mismo, odio personal y odio social (aprendido/cultural).
¿Por qué cuesta tanto soltar el odio?
Porque a veces funciona como analgésico emocional (da sensación de control, “repara” simbólicamente la herida o activa recompensa). También puede sostenerse por rumiación y por interpretaciones rígidas del daño.
¿Cómo puedo gestionar el odio sin reprimirlo?
Nombrándolo, entendiendo su función, trabajando pensamientos que lo alimentan y poniendo límites reales. Si se ha vuelto persistente o te desborda, la terapia ofrece un espacio seguro para elaborarlo sin que se convierta en conducta.
**Artículo escrito por María Victoria Orbe, psicóloga sanitaria colegiada nº M-35818 (Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid),
**Contenido revisado por Rosario Linares, psicóloga sanitaria colegiada nº M-16126 (Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid) y directora de El Prado Psicólogos Madrid.
**Última actualización: 06/02/2026
Datos de contacto
- Teléfono: +34 91 429 93 13
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- Horario: Lunes a viernes laborables, 9:00–21:00
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